| La sombra del apostador
Alfaguara, Ciudad de México, 1999.
n La sombra del apostador se superponen y entrelazan historias que desembocan en un crimen. Novela de una conspiración que Javier Vásconez (Quito, Ecuador, 1946) ubica en una ciudad inventada y real , donde se levanta un hipódromo, el que es y el que se quisiera. Allí confluyen los victimarios y las víctimas con un destino prefijado a la manera del que cumplen los héroes de la tragedia griega.
En el centro de esa trama se sitúan dos historias de amor que más que una presencia palpable son prefiguración de un vacío alienante. Relaciones, frustración, conspiración y crimen forman el tejido de esta novela.
En La sombra del apostador la vida y la muerte se juegan con cartas marcadas. El Coronel, el Alcalde y el Asesino se aferran a sus jugadas, sin importar el destino de cuantos se desplazan alrededor suyo. Ambición, oportunismo social y político, y el placer del riesgo son las columnas que sostienen esta novela escrita con limpieza, sin excesos verbales, y construida a la manera de un mecanismo de relojería.
El Coronel y el Alcalde disponen las piezas en el tablero. Cada pieza es un personaje que lucha por salvar su dignidad. Una dignidad que en el Jockey se traduce en su lucha por la victoria; el Caballo en afirmar su nobleza; y en el Asesino por cumplir cabalmente el encargo de matar. Y, por último, en el Periodista por descubrir las motivaciones que sostienen este tinglado.
Asistimos al minucioso preparativo de la puesta en escena. El Asesino busca el arma adecuada, estudia el lugar del crimen y traba cínicamente conocimiento con su víctima. El Jockey libra su lucha interior por no renunciar a su ética de corredor. El Coronel y el Alcalde dan los pasos necesarios para alcanzar la jugada final, que deja a uno de los dos fuera de la contienda. El Caballo cruza esta atmósfera densa como un misterio cuya naturaleza no se devela.
En medio de esa conspiración implacable, Vásconez ubica dos accidentadas historias de amor. Amores cuyos ingredientes son el incesto, la frustración filial, la desesperanza o la incertidumbre. Amores desesperantemente humanos, en los que los personajes femeninos Sofía, Lena, Mariana- se dibujan con una poesía admirable, frágiles y hermosos en su libertad.
Al final todo se cumple, y en el lector queda el sabor amargo de lo irrealizado en un tiempo que es imposible recuperar. Es la sombra de un apostador que estará siempre por encima de nosotros, en un juego de claroscuros del que pocos podrán escapar. Ésta novela fue finalista del Premio Rómulo Gallegos en el año 2001. |