Vida

avier Vásconez nació en Quito. Su padre, Gustavo Vásconez Hurtado, fue escritor, historiador, diplomático y coleccionista de documentos republicanos. Su madre, Beatriz Barba Larrea, provenía de una familia criolla de ascendencia de próceres y funcionarios de la Colonia. El abuelo paterno abrió las relaciones comerciales de Ecuador con China y Japón. Así, Vásconez creció sumergido en un mundo de libros, de viajes, de literatura. Sus primeros años en Quito y en una finca ubicada en el valle de Los Chillos, aledaña a la capital, marcarían fuertemente su obra, al igual que parte de su infancia transcurrida en Madrid.

Juventud y educación

             En la década de los cincuenta, Vásconez pasó por un internado en Inglaterra y en otros colegios de Roma y Estados Unidos. Se graduó en el colegio Spellman de Quito. A los diecisiete años, comienza sus primeros acercamientos a la escritura. Luego se dirige a España. Se gradúa en la Universidad de Navarra. Más adelante, prosigue sus estudios en la Universidad de Vincennes, en París.



Ciudades

             De las ciudades en las que ha vivido Vásconez ha declarado: "Por su topografía irregular, caprichosa, Quito siempre fue una ciudad aislada; de difícil acceso, encerrada en sí misma, tan sofocante y chismosa como una aldea, sobre todo cuando era niño. Parte de mi infancia transcurrió en una vieja casona colonial, frente a La Compañía (iglesia emblemática del barroco americano) rodeado de iglesias que anunciaban con sus campanarios los distintos oficios religiosos. Quito es sin duda el referente y el modelo de mi ciudad literaria. Mantengo una relación contradictoria con ella, de amor y de odio, de auténtico asombro.".
             De ciudades como París y Madrid Vásconez dice: "Aunque había estado en mi infancia en París, vivir allí durante la década de los setenta fue una revelación y una forma de deslumbramiento; además, representó el encuentro con la ciudad más literaria del mundo. También constituyó el descubrimiento de otra cultura latinoamericana (la que uno vivía en París, no en Latinoamericana); era sublime la vida en esos cafés de la orilla izquierda. En cambio, Madrid representa la ciudad de mi infancia, la de los juegos en el Parque de El Retiro y los paseos con mi madre por la Castellana, el Paseo de Prado y el recorrido por los quioscos de revistas de la Gran Vía, la calle Montera y mi colección de sellos. Es además el descubrimiento del cine con Sara Montiel y Berlanga, de las tabernas junto a la Plaza Real, de los cafés. En Madrid leí, por primera vez, unos capítulos de El Quijote; me deslumbré con Quevedo y Santa Teresa; leí también a Baroja, Blasco Ibáñez y Delibes. En el verano del 64, en una modesta pensión de la calle Fuencarral cayó en mis manos "La ciudad y los perros", de Vargas Llosa; luego seguí con Borges, Onetti y Juan Rulfo. Después asociaría Madrid con los mitos de la Guerra Civil, la generación de poetas españoles del 27, pero también con Juan Benet y su espléndido "Otoño en Madrid hacia 1950".
             En esos años, Vásconez viaja de mochilero por Marruecos, México, Argentina y Estados Unidos, donde hace "un recorrido inolvidable" por los estados del Sur hasta llegar a Oxford, Mississippi, para visitar la casa de William Faulkner. Tras una larga estadía en Europa, vuelve a Ecuador y publica en 1982 "Ciudad Lejana". El libro fue finalista del concurso Casa de las Américas, en La Habana. Allí aparece, por vez primera, el cuento "Angelote, amor mío". El tono irreverente con el que el autor enfoca el tema de la homosexualidad impactaría sobremanera en el mundo literario. En 1983, el cuento es premiado por la revista mexicana Plural. Luego, vendría otro libro de cuentos: "El hombre de la mirada oblicua", con el cual sale ganador del Premio Joaquín Gallegos Lara del Municipio de Quito, galardón que se otorga al mejor libro del año. La década de los noventas le deparaba grandes sorpresas a Vásconez. En 1994 publica el cuento Café Concert y en 1996 la novela corta "El secreto". En éste último, enfocaba con sutileza y refinamiento escalofriante la mente de un asesino de niñas. Ese mismo año su cuento "Angelote, amor mío" sería elegido por Alfaguara y el diario El País, de España, junto con otros veinticuatro escritores españoles y latinoamericanos como uno de los representantes del género en lengua española para que aparezca en el Internet.. En 1996 aparece su primera novela, "El viajero de Praga", fruto de una larga estadía de Vásconez en Bahía de Caráquez. La novela apareció en Alfaguara de México y España, y fue muy bien recibida por la crítica de Ecuador, México y España. Luego publicaría en la misma editorial una selección de cuentos, en las que también se incluía "El secreto", bajo el título de "Un extraño en el puerto". Su calidad de novelista se confirma cuando aparece, en 1999, "La sombra del apostador". En el 2002, ambas novelas aparecen bajo el sello de Punto de Lectura. Ésta edición llevaría la obra de Javier Vásconez a todo el mundo hispano parlante. Ese mismo año, en un hecho inusitado en Ecuador, editorial Paradiso publica "El exilio interminable, Vásconez ante la crítica". Más de una docena de escritores, periodistas y académicos destilan allí sus análisis sobre la obra del escritor ecuatoriano. Finalmente, en 2004, aparecería su obra "Invitados de honor". El crítico mexicano Christopher Domínguez Michael, colaborador y fundador de la revista Letras libres, se hizo presente en la presentación de éste libro, en el que Vásconez hace un homenaje muy personal a escritores como Colette, Kafka, Nabokov, Conrad y Faulkner. Durante todos estos años, Vásconez ha sido un prolífico editor, especializándose en escritores y poetas ecuatorianos. En Editorial Acuario, sello de su propiedad, Vásconez ha publicado la Obra Completa de Jorge Carrera Andrade y Gonzalo Escudero. También ha colaborado con el Municipio de Guayaquil en las ediciones de Medardo Ángel Silva, José de la Cuadra, Ángel F. Rojas, Alfredo Pareja Diezcanseco y Demetrio Aguilera Malta. Durante ocho años fue editor y director de Ediciones Librimundi. Allí participó en la edición del poeta Alfredo Gangotena, y las colecciones de cuentistas ecuatorianos traducidos al inglés, francés y alemán. Para el día de hoy colaboraciones de Vásconez han aparecido en revistas especializadas de varios países. Algunos de sus cuentos han sido traducidos a diferentes idiomas como el alemán, francés, inglés, italiano y sueco. En 2002 el Departamento de Literatura hispanoamericana de la Universidad de Salamanca realizó un encuentro acerca de la obra de Vásconez.